Desde mi ventana

Desde mi ventana.

Desde mi ventana veo asomarse todos los días a las ocho a muchos vecinos, entre ellos a una familia con dos niños; son prácticamente aún dos bebés, sobre todo el pequeño, que aún no camina. Aplauden con ilusión y alegría. Como lo hacemos todos, con la esperanza de hacer de esos aplausos un gran homenaje, una pequeña esperanza, una manifestación conjunta.

Puede que los niños no sean quienes peor estén llevando este confinamiento causado por un virus con un extraño nombre, un nombre que ya nos hemos cansado de nombrar y de escuchar.

En muchos casos los pequeños disfrutan de más tiempo con sus padres del habitual y eso, sin duda, es todo un privilegio.

Pero seguro que hay muchas ocasiones en que piden salir y no pueden. Es muy difícil explicar a un niño de menos de tres años por qué no puede salir a la calle o al parque o ni siquiera a la esquina igual que sale su mascota o a comprar al supermercado igual que sale su papá.

Hoy quiero contaros una anécdota escuchada en la radio, en un programa en el que los oyentes participan y narran algún suceso o experiencia.

Un papá de una niña de dos años contaba que es muy inquieta y cuesta que se porte bien.

Todos los días, cerca de las ocho de la tarde, hace sonar el teléfono de casa utilizando su móvil y contesta, por supuesto, en presencia de la niña, que escucha la voz seria de su papá, esa voz especial que los papás ponen cuando hablan por teléfono y no se les puede molestar.

  • Diga
  • Sí, sí, es aquí.
  • Sí, sí, está aquí mismo.
  • Sí, claro, claro, lo comprendo, sí. Pero hoy se ha portado muy bien, sí, creo que lo merece.
  • De acuerdo. Muy bien. Hasta mañana.

La pequeña se ha dado cuenta de que su papi la mira mientras habla.

  • Cariño, me han preguntado y les he dicho que te has portado muy bien. Ahora mismo se lo están diciendo a los vecinos y van a aplaudirte.

¿Podéis imaginar la cara de esa niña al salir al balcón con su papá y ver que todos los vecinos salen a aplaudir? En su pequeña cabecita esos aplausos son para ella.

Un regalo.

Este papá le hace a su pequeña un regalo especial.

Me recuerda a Guido.

¿No sabes quién es?

Por favor, si no las has visto todavía, no dejes de hacerlo: “La vida es bella” no es solamente una película, es un canto a la vida y al optimismo. Una película que, además, nos llega al corazón como pocas, sobre todo a quienes tenemos hijos.

Sé que los papás y mamás lo tenéis muy difícil estos días, pero, por favor, no dejes de recordar a Guido y al papá de la anécdota. Imítales y haz felices a tus hijos siempre que puedas, en estos extraños momentos de confinamiento y en todos los nuevos momentos que vendrán después.

 

 

 

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